martes, 3 de diciembre de 2013

Literatura ligada al corazón.

El amor es el drama que todo hombre busca,
pero solo algunos saben exigirle al mundo.
Pues si bien es un episodio más en el inmenso libro que es nuestra vida,
el amor no cesa de ser una fútil tragicomedia.

sábado, 30 de noviembre de 2013

I dreamed a dream.

Lo más duro fue despertar y saber que hasta en mis sueños te doy por perdido.
Lo más triste fue abrir los ojos para descubrir que hasta en mis sueños te digo que no.
Lo más destructivo fue recordarlo y que me golpeara el hecho que incluso en mi mundo de magia y fantasmas etéreos te niego la entrada a mi corazón una vez más.
Mis sueños y mi corazón se cogieron de la mano, y esa noche me acariciaste, me besaste, me amaste y me confesaste tu más profundo amor como el primer día; y yo, con las lágrimas dulces y la sangre salada te rechacé, simplemente porque no me veo capaz de amarte de una manera tan devastadora como aquella primera y apasionada vez.
Mis sueños y mi voluntad se entrelazaron por fin, solo para convencer a mi oscura y titilante alma de que no eres lo que necesito, por mucho que te quiera.
Mis sueños por fin me dijeron algo verdadero en medio de toda la locura a la que me someto cada noche.
Pueden engañarme mis ojos, mis oídos, mis manos, mi mente o mi corazón, pero si algo he de fiarme en esta vida o en cualquier otra que viví o viviré, es de aquel paralelo universo de plata evanescente que mezcla mi cabeza y mis sentimientos.
Río de mi vida, la próxima vez que nos veamos, será en las orillas opuestas del mismo mar.


domingo, 17 de noviembre de 2013

Bruce Springsteen.

Esa noche bajamos al río, dentro del río nos zambullimos, dentro del río hicimos el amor.
Luego, todas esas cosas, que tan importantes parecían, se esfumaron en el aire.
Yo finjo no recordar nada, él finge no importarle.
...
Por la noche en su orilla, tumbada, despierta, me acercaba a él para sentir cada respiración.
Ahora esos recuerdos me vuelven a perseguir como una maldición. ¿Es un sueño una mentira si no se hace realidad, o es algo peor lo que me lleva hoy al río, aunque sé que se ha secado?
Algo me lleva al río esta noche, donde él y yo hicimos el amor.


Dragon's Dream.

martes, 22 de octubre de 2013

Halcón derribado.

¿Qué nos queda después de arder en las llamas de la desesperanza? ¿Qué nos queda tras sumergirnos el el mar del desaliento?
¿Qué falta por perecer de nuestra alma si nos hemos entregado tan manifiestamente a algo más grande que nosotros?
¿Qué parte de nuestro cuerpo mortal queda por consumirse si ya no queda nada a lo que aferrarse?
¿Qué nos queda... después de amar?

domingo, 20 de octubre de 2013

"Instrospección"

No sé por qué estoy escribiendo esto. A estas horas tan intempestivas lo único que me apetece es dormir, y sin embargo, heme aquí, descargando los pensamientos de mi febril conciencia, por temor a no recordarlos mañana cuando me despierte y parecerme solo un demencial sueño. Quizás esté intentando definirme de una vez por todas para los días venideros, para que cuando me sienta perdida lo lea, lea quien soy, quién pretendo ser, y recuerde.
Que recuerde que las amistades van y vienen, que nunca fui capaz de asumir mi papel en muchos momentos determinados de mi vida. Que recuerde que fui buena, confiada, extrovertida, con corazón de papel, y que mi sueño era encontrar el amor verdadero. Que pienso que aún apenas soy así. Y sobre todo, quiero recordar que amé. Que amé y sufrí, que amé y fracasé, que amé y perdí. Pero amé, y al fin y al cabo, eso es lo que cuenta.
Que mis pensamientos estuvieron orientados alguna vez a un futuro feliz, que me sentía siempre plena de alegría, consciente de que mi repentina marcha dejaría a su paso un gran vacío.
Pero ya no lo pienso así. La sociedad, el mundo, el futuro, las elecciones de cada uno de los que me rodean, y las mías propias han hecho mella en este cuerpo de huesos rotos y agua de mar. Con el paso de los años llegaron las decepciones. Me decepcioné creyendo en el "amigos para siempre" de veinte personas distintas de las cuales me quedan tres. Me decepcioné creyendo en la honestidad del ser humano, pues poco o nada de lo que me rodea tiene algo de honestidad, y, por encima de todo, me decepcioné en el amor.
Eso ha hecho de mí una persona pesimista y dual, a quien algunas veces no le gusta ni su propio ser, pero otras veces da saltos de alegría por la menor idiotez. 
Un por qué del hecho de que a mis casi dieciocho años sigo escuchando antiguas canciones de Disney y viendo películas de dibujos animados es que no me quiero desprender de mi infancia, de esa maravillosa época donde no pensaba en mis estudios, no pensaba en mi futuro, ni en si mis amigos estarían allí el día de mañana, ni en qué aspecto tendría el amor de mi vida; no pensaba que mi padre fuera un egoísta y un cínico, que la muerte acechaba a mi familia como una cruel sombra que no se iba ni apagando las luces, ni que las drogas eran el sustento de un mundo enfermo y corrompido por la hipocresía.
Ahora pienso que si de verdad muriera esta noche, solo contaría con seis personas que realmente llorarían mi pérdida: mis dos únicos familiares cercanos, mis dos pelirrojas, mi luz de la tarde, y quizás, solo quizás, el Río en el que una vez me sumergí.

20-10-13
2:05 a.m.

jueves, 20 de junio de 2013

Sístole sin diástole ni dueño.

Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el solo de pijamas con sordina, la adrenalina en camas separadas.
Lo malo del después son los despojos que embalsaman los pájaros del sueño, los móviles que insultan con los ojos, el sístole sin diástole ni dueño.
Lo atroz es no querer saber quien eres, agua pasada, tierra quemada; que de igual esperarte o que me esperes, que no seas tú entre todas las mujeres, que la cuenta este saldada.
Las canciones de amor que no quisiste andan rodando ya por las aceras, las tocan las orquestas de los tristes para que baile don nadie con cualquiera.
Las maletas que llegan sin tu ropa giran perdidas por los aeropuertos, la pasión cuando pasa es una copa de sangre desangrada en el mar muerto.
Remendar las virtudes veniales, condenar a galeras los archivos, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos.
Peor es no querer saber quién eres, agua pasada.

viernes, 7 de junio de 2013

El agua apaga el fuego...

Cada vez mas tu y cada vez mas yo, y ni rastro de nosotros.
Una frase que en este momento es capaz de relatar mi vida a la perfección.
Podría reconstruir mi vida a partir de los fragmentos de los poemas amarillentos que pocos conocen y nadie recuerda, a partir de las cartas olvidadas a viejos amores, a través de la lírica oxidada y la rima enronquecida. O al menos creo que es mi vida.
Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.
Aquel fue el comienzo. Un comienzo escarpado y ruinoso, de un camino cuyo horizonte todavía no soy capaz de vislumbrar, una autopista desértica que apenas es capaz de alumbrarme en las noches oscuras de música melancólica como hoy, y que me inunda con su abrasador fuego de amor y rabia o me asfixia en su lluvia nostálgica y lastimera.
¿Acabare en la playa entre la vida y la muerte o me espera un destino distinto? Me acecha un cúmulo de nuevos sentimientos expectantes por germinar en esta  árida alma que es la mía, deseosos de florecer entre las grietas de mi corazón de sangre oscura por culpa de tu veneno de río, intoxicado y moribundo.
Y sigo andando, con mis cadenas a cuestas y la boca seca.
Y sigo caminando, con las piernas firmes y el alma temblorosa.
Sigo caminando...
Esperando que cualquier día me sorprendas en mitad de mi autopista, con un pulgar hacia arriba y un cartel con mi nombre, dispuesto a aislarme del mundo entre tus brazos.

sábado, 4 de mayo de 2013

Love.

Vivimos en un tiempo donde el amor es un concepto utópico. Pronunciamos esa palabra con demasiada facilidad, como cualquier otra, sin pararnos a reflexionar la fuerza que tiene interiormente. El amor es un sentimiento biológicamente descrito como una segregación de feniletilamina desde el hipotálamo, que influye en la adrenalina y la noradrenalina. Visto así, parece algo incluso corriente. El amor es "sentir mariposas en el estómago", el amor es llorar y reír casi al mismo tiempo. Y estamos muy acostumbrados a "amar" según esas descripciones. Pero el amor es mucho más que eso.
Amar es conocer a alguien, conocerle hasta saber cómo reaccionará según qué le digas, saber qué es lo que más le gusta y le disgusta, saberte su canción preferida, saber con una sola mirada que algo le preocupa o le entristece, saber cuándo tienes que hablar, y cuando debes permanecer callado, únicamente brindándole la calma de tu presencia. Amor es saber cuántos hoyuelos le salen en las mejillas cuando se ríe, qué pie tuerce al andar, cuál es su marca preferida de ropa, hacia qué lado duerme, y adonde le gusta ir cuando sale. Amar es sabiduría.
Amar es meterte tanto en su persona que ya no conciba un día en el que no estás; hacerte un sitio a empujones en su corazón, profundo como un abismo, cálido como una hoguera, suave como el satén. Y para ello, no solo hay que saber insistir, sino también saber ceder. Amar conlleva riesgos, cargas. Conocer sus virtudes y sus defectos, defectos que son una parte más de él, que te superan, que te desbordan, y finalmente, que aceptas, porque de otra manera, el latir de tu corazón se ralentizaría, sin una razón por la que acelerarse vertiginosamente, que nos produce esa placentera sensación de plenitud. Cuando amas a alguien te expones al sufrimiento, esa es la verdad. Quizá esa persona te parta el corazón en mil pedazos, te haga caer en la desesperanza más lúgubre y te haga recordarlo con nostalgia cada minuto del resto de tu vida, o quizá tú se lo partas a ella y no puedas volver a verte de la misma manera, esos son los riesgos. Unos riesgos que la mayoría de la gente no es capaz de asimilar con el tiempo. El amor son cadenas en el alma, y solo de nosotros depende que sean cicatrices o lazos de algodón.
La idea de perder tanto control sobre la felicidad personal es insoportable, saber que dependes completamente de alguien nos da miedo, es como mirar hacia un pozo sin fondo y saber que tienes que saltar, esa es la carga. Al igual que las alas, tiene un peso, un peso que notamos sobre nuestras espaldas, un peso que asfixia, pero es una carga que nos levanta, una carga que nos permite... volar.
Puede que por eso me apene el hecho de que el amor de hoy en día es un amor desgastado e idílico, un amor cuyas alas son cortas y estivales. Sin embargo, aún en estos tiempos de amor superficial, veo en pocas ocasiones verdaderas muestras de amor verdadero, de un amor de alas blancas y fuertes, que perdura aún después de medio siglo, y que perdurará si sus cuerpos lo han mostrado con sabiduría y paciencia.
"Lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido."

sábado, 20 de abril de 2013

"Rezad por mí"

El reo a travesó los pasillos con la cabeza gacha, sin querer mirar a nada, sin querer que nada le mirara a él. Las cadenas aún estaban frías, pesaban, le hacían rozaduras, pero a él no le importaba nada de eso. Solo quería que no le miraran. 
Desembocó en una sala blanca llena de gente de miradas oscuras y almas más oscuras todavía. Lo obligaron a arrodillarse, y a mirar hacia arriba. El alma más oscura de aquel lugar no le quitaba los ojos de encima. Aquello lo volvía loco, solo quería que lo dejaran en paz, ya tenía suficiente con su propia conciencia. Pero no tenía pinta de que fuera a ser así, todavía no.
-Está convocado a este juicio por algo inpronunciable. ¿Sabe qué es?
El prisionero asintió, volviendo a agachar el rostro.
-Está acusado de haber cometido el peor crimen de este mundo, y no solo eso, ha violado la norma más sagrada de nuestra civilización. Este tribunal está aquí para juzgar dichos actos y hacerlo responder por ellos.
A sus palabras le seguía el traqueteo de la máquina que plasmaba en papel su discurso, y que posteriormente, también plasmaría su condena. Todo era tan banal que deseaba que se acabara de una vez.
-No solo violó la norma antes incapaz de ser pronunciada, sino que se convirtió en la criatura más deplorable de este universo al negar su culpabilidad y huir. Me retracto, no huir, abandonar.
En encarcelado sintió que le temblaban las manos y el corazón se le acongojaba. Se llevó las manos encadenadas al rostro y deseó desaparecer.
-Por supuesto debió de pensar que no le atraparíamos. Nadie huye de los remordimientos, debió de aprender eso antes de cometer una estupidez como esa. La noche del delito abandonó a los camaradas que le acompañaban e impunemente miró cómo eran sentenciados allí mismo, con una mirada impasible y una excusa pobre en los labios. El mero hecho de su cobardía me lleva a pensar de lo peor de usted. ¿Tiene algo que declarar antes de proceder a su condena?
Cada palabra era una daga directa a su corazón, una vuelta más a su atormentada mente. Levantó el rostro y vio con espanto cómo depositaban los cadáveres de sus amigos a sus pies, sus ojos abiertos mirándole desenfocados, vidriosos, perdidos en el vacío, pero para él, aquellos ojos cristalinos le acusaban más que todo el tribunal de su alrededor. Con las rodillas temblándole violentamente se puso en pie, miró al tribunal y volvió a mirar aquellos ojos, con lágrimas cayendo a raudales por sus mejillas.
-Sí. Me declaro culpable. Culpable por haberlos dejado atrás, culpable por hacerme a un lado. ¿Me merezco todo lo malo que pueda pasarme? Probablemente. Viviré con esa carga el resto de mis días. Abandoné a mis amigos por unas razones que ahora pienso que quizás no fueran tan importantes. Y ese acto de cobardía me ha estado persiguiendo desde ese día hasta hoy. Me creía un buen amigo, pero he descubierto que no lo soy. Soy un cobarde, una rata. Sea lo que sea lo que dictaminen, a favor o en contra, no será nunca suficiente por esta afrenta que he cometido contra ellos y contra mí. Solo quisiera decir que lo siento. Lo siento mucho. Siento no haber asumido mi culpa, siento haberme escabullido, siento que mi miedo al castigo se apoderara de mí. Pero sobretodo, siento no haber sido lo suficiente buen amigo como para mantenerme con ellos. Eso me pesa más que cualquier otro pecado que pueda haber cometido en esta vida o en cualquier otra. Lo siento de verdad.
Terminó y volvió a caer de rodillas, sollozando violentamente. El tribunal parecía asombrado, y en algunos casos, acongojado. El juez lo miró desde arriba, con desprecio.
-Bien pues. Lo declaro culpable, mísero cobarde, y lo condeno a morir aquí mismo, para liberar al mundo de su mancha y liberarlo a usted de sus remordimientos. Proceda.
El prisionero se limpió las lágrimas solo para depositar sus ojos en los cadáveres frente a él. Su último pensamiento mientras la hoja de acero caía sobre su nuca jamás se supo, solo se oyó un susurro agónico escaparse entre sus labios:
-Por favor, rezad por mí.

lunes, 8 de abril de 2013

Hold me, I'm cold.

Tengo frío. Tengo frío porque la niebla me rodea. Una niebla que ha surgido del desvanecimiento de tu recuerdo. Tu indiferencia ha podido con mi amor, tu ausencia ha vencido a mi cariño. Apenas quedan unas gotas de Río deslizándose sobre mi piel, insuficientes ya para mantenerme caliente ante el gélido ambiente de la soledad. Y debería alegrarme, pero siento que me pierdo a mí misma cuanto más me alejo de la corriente en la que una vez me sumergí. No quiero perderlo. No quiero olvidar.
Me debato entre una vida sin ti y una muerte entre tus brazos. Y no sé cuál dolerá más.
Abrázame, tengo frío. Abrázame antes de que las ascuas que quedan de mí se consuman en tu decadencia.

lunes, 11 de marzo de 2013

Doce lunas.

Doce lunas son las que han pasado desde que me acogiste entre tus brazos para hacerme tocar los astros. Doce lunas de sentimientos inefables y pensamientos irrefutables. Doce lunas de reír, llorar, autocompadecerse y pasar de todo. Doce lunas desde uno de los días más especiales de lo que llevo de vida.
Y desde entonces, solo has estado tú. Los arañazos de mi espalda hace mucho que se fueron, pero los de mi alma aún están cicatrizando. Los mismos arañazos que tú abriste entre sábanas y sudor. El brillo de mis ojos se ha apagado, pero el de mi corazón todavía late, negándose a morir por más daño que ocasione. El mismo brillo que tú hiciste brotar entre mis pestañas con tu roce y tu cariño. Los besos de la piel se han evaporado, pero los de los recuerdos aún se presentan entre sueños, entre ráfagas de calor y frío. Esos besos que tú me diste, que tú repartiste por mi frágil y corta figura, que me hicieron despegar una y otra vez adonde antes solo había imaginado llegar.
Y hasta que no olvide el resplandor de tus ojos ni el tacto de tus uñas en mi espalda no seré capaz de abrirle el camino a mi liberación a nadie. Me hiciste arder, pero no lograste apagarme. De eso ya hace doce lunas.
Mi lunar pregunta por ti desde hace doce lunas, y nunca le consigo responder con coherencia. Mi columna vertebral te llama, ansiosa de sentir chispazos eléctricos de nuevo bajo tus brazos, pero me tengo que contener para gritar que no volverás. Mi cuello suplica el marfil de tus dientes, y no estás. Nunca estás. Mis manos anhelan tocar tu piel de nuevo, y no sé que decirles. Mis labios ruegan volver a suspirar tu nombre, mis oídos se agudizan buscando que tú pronuncies el mío, y mi piel pide volver a sentirse suave en las yemas de tus dedos. Y su solo recuerdo me tortura.
Doce lunas de una desintoxicación lenta. Doce lunas despegando el veneno de mi piel. Doce lunas consiguiendo apenas resultados. Doce lunas negando que todavía estás en mis venas, doce lunas intentando que salgas de ahí. Doce lunas extinguiendo el incendio que se prendió en mí, que se apagó en mi cuerpo, pero no en mi alma. 
Doce lunas odiándote, doce lunas amándote. Doce lunas de fuego. Doce lunas de Río.

martes, 26 de febrero de 2013

Bésame en la frente.

Bésame en la frente y dime que todo va a ir bien. Que no habrá más oscuridad, que no habrá más monstruos debajo de la cama esperando a que me duerma. 
Bésame en la frente y dime que significó tanto para ti como para mí. Que puedo dejar de torturarme, que puedo desterrarte de mi valle de lágrimas.
Bésame en la frente y prométeme que estoy a salvo de tu regreso. Que esto no volverá a suceder. Que se acabó estremecerme y temblar a altas horas de la noche.
Bésame en la frente y júrame que estoy a salvo del Río.


Bésame y dime que entiendes, de una vez por todas, que no quiero vivir con miedo.

Auriel.

domingo, 24 de febrero de 2013

Nieblas para las que no existe salida.



Siempre existirá aquella tormenta que nos limitaremos a mirar desde lejos, demasiado acostumbrados a la rutina y al silencio como para tratar de evitarla. La sombra de la desesperación y el miedo estará presente en cada esquina y en cada rincón, pero la serenidad ha sido de manos más ágiles y ya es demasiado tarde para escapar de su abrazo. Siempre buscaremos el amor, pero algún día encontraremos a alguien que simplemente se nos parezca y nos daremos por satisfechos. Tememos y adoramos dioses que nosotros mismos inventamos, y sin embargo, nos es demasiado fácil culparles y pedirles solución para cada peldaño irregular de nuestro camino. 
Somos demasiado sedentarios para lo que fuimos. 
La vida se alarga, pero el tiempo se esfuma. Los ojos miran, pero la memoria olvida. La palabra vale menos que la mano, la espada finalmente ha vencido a la pluma. Nos hemos convertido en lo que podría haber sido, no en lo que debería ser. Dejamos caer una escultura de cristal y juntamos los pedazos intentando que quedase como antes, demasiado dormidos y somnolientos como para preocuparnos en crearla de nuevo. Conseguimos que las emociones encerradas sean el pan de cada día y la decepción solo una faceta de nuestra existencia. Logramos que la represión no nos afecte, logramos que el pueblo no alce la voz, logramos que las críticas nos dieran miedo de ser quienes somos. Y permanecemos en estado de espera, anhelando la libertad pero sin atrevernos a buscarla. 

Hemos creado un universo de silencioso temor, hemos creado una realidad de fervorosa malicia. Hemos creado un mundo de sosiego y calma, hemos creado un mundo aletargado.

domingo, 17 de febrero de 2013

Bum. Bum. Bum. Bum.

Otro latido más. Una nueva respiración. Un parpadeo resonante en el tenebroso vacío de emociones. Otro golpe, otra grieta, otro escalón que pierde pie. La oscuridad.
Bum. Bum. Bum. Bum.
Cuatro paredes que se resquebrajan con su pérfido deslizar imprudente. El chasquido de los dedos que se aferran a su última esperanza. La impasibilidad. El frío.
Bum. Bum. Bum. Bum.
Pensamientos. Incongruencias que no encuentran la salida del laberinto sin esquinas en el que se hallan. Demencias. Ilusiones. 
El nostálgico acariciar de la melancolía, de manos gélidas y aliento cálido. Pétreo semblante el de los rostros de la pared. Sirenas que cantan a gritos su desamor.
Bum. Bum. Bum. Bum.
El pitido de las máquinas que mantienen la sangre caliente y la piel blanda. Una lágrima. Un beso carente de significado. Un alma se desvanece, treinta se van con ella.
"Un latido más" suplica su malherido corazón "Solo un latido más".
Bum...

jueves, 10 de enero de 2013

Sobre monstruos y hombres.

Llegó el momento en el que todas las luces se apagaron, pero ella, tumbada mirando al techo, con un pie fuera de las sábanas y los auriculares en las orejas, permanecía despierta, pensando como cada vez que se encontraba a solas.
Pensaba en su poca fuerza de voluntad, en su poca responsabilidad, pensaba en todo de lo que carecía y lo poco de lo que podía presumir. Se dio cuenta de que necesitaba algo en lo que sostenerse, porque de lo contrario, todo lo demás caía. Pero, ¿Cómo definir aquel sentimiento, hijo bastardo de la decepción y la angustia? Se le entrecortaban las palabras en la garganta y le asfixiaba el remordimiento de ser tan débil, le temblaban las manos de la impotencia y se reprendía sin descanso.
El agobio la hizo incorporarse de golpe, con la frente sudorosa y las pupilas dilatadas, intentando por todos los medios definir la oscuridad. Se dio cuenta de que no podía, de que eran unos conocimientos demasiado lejos de su alcance. Y se perdió en la luminescencia que le brindaba la luz entrando por la ventana. Como en un sueño, se deshizo de la música y las mantas y recorrió el metro escaso que la separaba de aquel anaranjado resplandor lejano de las farolas. Se cobijó entre las cortinas y miró hacia el infinito, perdido en algún recóndito lugar entre los perfiles recortados de los edificios que tenía enfrente. El cielo parecía ser violeta entre toda aquella bruma. Apoyó la frente en el cristal y el frío la estremeció de arriba abajo, un frío que simpatizó enseguida con las nevadas de su interior. Se abrazó a sí misma, respirando pausadamente para que el vaho no le empañara la vista. Y pensó.
Pensó en cuándo se rompería aquella desesperanzada rutina de vaivenes. Pensó en su siguiente jugada contra aquel oponente gélido e inmisericorde, pero ¿cómo jugar si lo único que le quedaba en el tablero eran peones? Pensó en qué manera tenía la vida de hacer aquellos giros sin derrapar, siempre inmune a lo que los demás desearan. Pensó que le amaba, sí, que por mucho que quisiera hacerse la indiferente, aún le amaba. Pensó en aquellas ciertas palabras que le dijeron no hace mucho tiempo, que los amores que llegan rápido, se aferran a la vida hasta dejarla seca de sangre y energía, pugnando por sobrevivir arrasando a su paso cualquier vestigio de conciencia o logicidad. Pensó que era una ingenua. Pensó que no quería seguir así, que no quería sufrir lo que nadie había sufrido por ella, que no valía la pena.
Le dio un ligero cabezazo a la ventana, llamándose idiota una vez más en todo el día.
Miró hacia arriba, con los ojos cálidos y húmedos, y se perdió a sí misma entre los recovecos de los edificios, en el infinito, en el silecio, en la negrura purpúrea de la noche de madrugada. Y suspiró, dejándose el alma en aquella larga respiración, aireados ya sus miedos y recuperadas de oxígeno sus angustias.
Y tal como había salido de la cama, sin ser consciente de sus propios actos, con la única certeza de que por la mañana no recordaría tales divagaciones, se tumbó de nuevo y cerró los ojos.
Ella era fuerte, sobreviviría.

domingo, 6 de enero de 2013

Superviviente de un invierno más.

Se acerca algo, lo sé, lo presiento. No sé cómo, ni cuándo, ni dónde ocurrirá, solo sé que entro en una nueva etapa de mi existencia, sin una importancia especial o excéntrica, pero con un significado nuevo esta vez. Siento que podré desprenderme de la carga que he ido acumulando. Siento que mi piel se aja, cual serpiente en plena época de muda, y que en cualquier momento se desprenderá del resto de mi cuerpo y permanecerá como una estampa muerta y marchita de lo que un día fui, con todos mis errores y mis aciertos, con mis heridas y mis puntos de sutura sin cerrar.   
¿Qué será de mí, ahora que afronto un nuevo paso en mi interminable camino? ¿Cambiaré mi modo de pensar? ¿Cuántas puertas veré abiertas y cuántas cerradas? ¿Cuántas llaves tendré en mis manos? ¿Me sentiré desnuda? ¿Vulnerable quizás? ¿Más fuerte? ¿Más... viva?
En el fondo, solo soy serpiente mudando su piel escamosa y brillante.
Soy niña dejando atrás los dientes de leche.
Soy fénix renaciendo de mis cenizas
Soy llama de fuego escarlata encerrada en una burbuja cristalina.
Soy sirena anclada al castillo de proa del barco que es la vida, hudiéndome en las aguas negras del mar, surgiendo a las brisas estivales, carcomida por la sal y la herrumbre; siempre avanzando, contra viento y marea, siempre hacia delante.
Soy un año más cercana a la tumba, un año más experimentada, un año más curtida, un año más sabia.