Lo más duro fue despertar y saber que hasta en mis sueños te doy por perdido.
Lo más triste fue abrir los ojos para descubrir que hasta en mis sueños te digo que no.
Lo más destructivo fue recordarlo y que me golpeara el hecho que incluso en mi mundo de magia y fantasmas etéreos te niego la entrada a mi corazón una vez más.
Mis sueños y mi corazón se cogieron de la mano, y esa noche me acariciaste, me besaste, me amaste y me confesaste tu más profundo amor como el primer día; y yo, con las lágrimas dulces y la sangre salada te rechacé, simplemente porque no me veo capaz de amarte de una manera tan devastadora como aquella primera y apasionada vez.
Mis sueños y mi voluntad se entrelazaron por fin, solo para convencer a mi oscura y titilante alma de que no eres lo que necesito, por mucho que te quiera.
Mis sueños por fin me dijeron algo verdadero en medio de toda la locura a la que me someto cada noche.
Pueden engañarme mis ojos, mis oídos, mis manos, mi mente o mi corazón, pero si algo he de fiarme en esta vida o en cualquier otra que viví o viviré, es de aquel paralelo universo de plata evanescente que mezcla mi cabeza y mis sentimientos.
Río de mi vida, la próxima vez que nos veamos, será en las orillas opuestas del mismo mar.

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