Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el solo de pijamas con sordina, la adrenalina en camas separadas.
Lo malo del después son los despojos que embalsaman los pájaros del sueño, los móviles que insultan con los ojos, el sístole sin diástole ni dueño.
Lo atroz es no querer saber quien eres, agua pasada, tierra quemada; que de igual esperarte o que me esperes, que no seas tú entre todas las mujeres, que la cuenta este saldada.
Las canciones de amor que no quisiste andan rodando ya por las aceras, las tocan las orquestas de los tristes para que baile don nadie con cualquiera.
Las maletas que llegan sin tu ropa giran perdidas por los aeropuertos, la pasión cuando pasa es una copa de sangre desangrada en el mar muerto.
Remendar las virtudes veniales, condenar a galeras los archivos, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos.
Peor es no querer saber quién eres, agua pasada.
jueves, 20 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
El agua apaga el fuego...
Cada vez mas tu y cada vez mas yo, y ni rastro de nosotros.
Una frase que en este momento es capaz de relatar mi vida a la perfección.
Podría reconstruir mi vida a partir de los fragmentos de los poemas amarillentos que pocos conocen y nadie recuerda, a partir de las cartas olvidadas a viejos amores, a través de la lírica oxidada y la rima enronquecida. O al menos creo que es mi vida.
Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.
Aquel fue el comienzo. Un comienzo escarpado y ruinoso, de un camino cuyo horizonte todavía no soy capaz de vislumbrar, una autopista desértica que apenas es capaz de alumbrarme en las noches oscuras de música melancólica como hoy, y que me inunda con su abrasador fuego de amor y rabia o me asfixia en su lluvia nostálgica y lastimera.
¿Acabare en la playa entre la vida y la muerte o me espera un destino distinto? Me acecha un cúmulo de nuevos sentimientos expectantes por germinar en esta árida alma que es la mía, deseosos de florecer entre las grietas de mi corazón de sangre oscura por culpa de tu veneno de río, intoxicado y moribundo.
Y sigo andando, con mis cadenas a cuestas y la boca seca.
Y sigo caminando, con las piernas firmes y el alma temblorosa.
Sigo caminando...
Esperando que cualquier día me sorprendas en mitad de mi autopista, con un pulgar hacia arriba y un cartel con mi nombre, dispuesto a aislarme del mundo entre tus brazos.
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