Hoy que la sangre mancha mis manos, hoy que las lágrimas se han evaporado, hoy que el alma recuerda con dolorosa renuencia, hoy me hiciste arder.
Y tu fuego atravesó luces, ruido, carne y corazón, y desplomaste los muros de hielo que con tanto ahínco me esforcé en construir.
Quizás yo no sea tan fuerte como pretendo aparentar, quizás el rol de seductora no esté en mi guión, o quizás seas tú el que me avasalla con tanta rudeza y deja mis muros resquebrajados con tan solo una mirada.
Quizás esté siendo solo una ilusa. Solo somos extraños demasiado acostumbrados a vernos.
Mas nunca he estado tan cerca del infierno, nunca sentí ese calor por manos desconocidas, nunca bailé este vals con las llamas de tus ojos, nunca amé tanto al Fuego.