lunes, 11 de marzo de 2013

Doce lunas.

Doce lunas son las que han pasado desde que me acogiste entre tus brazos para hacerme tocar los astros. Doce lunas de sentimientos inefables y pensamientos irrefutables. Doce lunas de reír, llorar, autocompadecerse y pasar de todo. Doce lunas desde uno de los días más especiales de lo que llevo de vida.
Y desde entonces, solo has estado tú. Los arañazos de mi espalda hace mucho que se fueron, pero los de mi alma aún están cicatrizando. Los mismos arañazos que tú abriste entre sábanas y sudor. El brillo de mis ojos se ha apagado, pero el de mi corazón todavía late, negándose a morir por más daño que ocasione. El mismo brillo que tú hiciste brotar entre mis pestañas con tu roce y tu cariño. Los besos de la piel se han evaporado, pero los de los recuerdos aún se presentan entre sueños, entre ráfagas de calor y frío. Esos besos que tú me diste, que tú repartiste por mi frágil y corta figura, que me hicieron despegar una y otra vez adonde antes solo había imaginado llegar.
Y hasta que no olvide el resplandor de tus ojos ni el tacto de tus uñas en mi espalda no seré capaz de abrirle el camino a mi liberación a nadie. Me hiciste arder, pero no lograste apagarme. De eso ya hace doce lunas.
Mi lunar pregunta por ti desde hace doce lunas, y nunca le consigo responder con coherencia. Mi columna vertebral te llama, ansiosa de sentir chispazos eléctricos de nuevo bajo tus brazos, pero me tengo que contener para gritar que no volverás. Mi cuello suplica el marfil de tus dientes, y no estás. Nunca estás. Mis manos anhelan tocar tu piel de nuevo, y no sé que decirles. Mis labios ruegan volver a suspirar tu nombre, mis oídos se agudizan buscando que tú pronuncies el mío, y mi piel pide volver a sentirse suave en las yemas de tus dedos. Y su solo recuerdo me tortura.
Doce lunas de una desintoxicación lenta. Doce lunas despegando el veneno de mi piel. Doce lunas consiguiendo apenas resultados. Doce lunas negando que todavía estás en mis venas, doce lunas intentando que salgas de ahí. Doce lunas extinguiendo el incendio que se prendió en mí, que se apagó en mi cuerpo, pero no en mi alma. 
Doce lunas odiándote, doce lunas amándote. Doce lunas de fuego. Doce lunas de Río.