Esta noche las teclas parecen meros desconocidos. No reconozco su tacto, ni sus dibujos, ni su tenue senda hacia la métrica deshecha y salpicada de sangre que es mi inspiración. Esta noche mis manos no obedecen a mi locura y las palabras no me miran al pasar.
Y lo peor de todo, es que no hay ninguna razón en especial. Ninguna desgracia, ninguna desdicha. Todo está donde debe estar. Debería estar feliz, y sin embargo, tengo la sensación de que voy a romperme de un momento a otro.
Me veo a mí misma, con el corazón agrietado, y no sé por qué. Veo mis manos cubiertas de tinta y de lacre, pero no encuentro el motivo. Veo mis ojos cada vez más anegados en un llanto que no llega nunca, cuya existencia soy incapaz de justificar.
Las únicas sílabas que hoy tienen sentido en este mundo para mí forman una sola palabra. No es una de mis tan acostumbradas y desgastadas metáforas, no es una bella ilusión, ni siquiera una tenebrosa pero elegante distorsión. Es una verdad seca, cortante e hiriente: "hipócrita".
Hipócrita, sí.
Y su sequedad me duele. Su falta de armonía, su carencia de arte no encajan en mi pensamiento. Es una pieza que entra a la fuerza en mi mente y astilla la ingravidez de mi lírica. Y, tal como he descubierto, no presume de falsedad, y me grita desde dentro.
Hacedla callar, por lo que más queráis. No soporto su sonrisa cruenta, ni su maliciosa consistencia detrás de mis pupilas. Hacedla callar, porque no aguantaré mucho más.