sábado, 4 de mayo de 2013

Love.

Vivimos en un tiempo donde el amor es un concepto utópico. Pronunciamos esa palabra con demasiada facilidad, como cualquier otra, sin pararnos a reflexionar la fuerza que tiene interiormente. El amor es un sentimiento biológicamente descrito como una segregación de feniletilamina desde el hipotálamo, que influye en la adrenalina y la noradrenalina. Visto así, parece algo incluso corriente. El amor es "sentir mariposas en el estómago", el amor es llorar y reír casi al mismo tiempo. Y estamos muy acostumbrados a "amar" según esas descripciones. Pero el amor es mucho más que eso.
Amar es conocer a alguien, conocerle hasta saber cómo reaccionará según qué le digas, saber qué es lo que más le gusta y le disgusta, saberte su canción preferida, saber con una sola mirada que algo le preocupa o le entristece, saber cuándo tienes que hablar, y cuando debes permanecer callado, únicamente brindándole la calma de tu presencia. Amor es saber cuántos hoyuelos le salen en las mejillas cuando se ríe, qué pie tuerce al andar, cuál es su marca preferida de ropa, hacia qué lado duerme, y adonde le gusta ir cuando sale. Amar es sabiduría.
Amar es meterte tanto en su persona que ya no conciba un día en el que no estás; hacerte un sitio a empujones en su corazón, profundo como un abismo, cálido como una hoguera, suave como el satén. Y para ello, no solo hay que saber insistir, sino también saber ceder. Amar conlleva riesgos, cargas. Conocer sus virtudes y sus defectos, defectos que son una parte más de él, que te superan, que te desbordan, y finalmente, que aceptas, porque de otra manera, el latir de tu corazón se ralentizaría, sin una razón por la que acelerarse vertiginosamente, que nos produce esa placentera sensación de plenitud. Cuando amas a alguien te expones al sufrimiento, esa es la verdad. Quizá esa persona te parta el corazón en mil pedazos, te haga caer en la desesperanza más lúgubre y te haga recordarlo con nostalgia cada minuto del resto de tu vida, o quizá tú se lo partas a ella y no puedas volver a verte de la misma manera, esos son los riesgos. Unos riesgos que la mayoría de la gente no es capaz de asimilar con el tiempo. El amor son cadenas en el alma, y solo de nosotros depende que sean cicatrices o lazos de algodón.
La idea de perder tanto control sobre la felicidad personal es insoportable, saber que dependes completamente de alguien nos da miedo, es como mirar hacia un pozo sin fondo y saber que tienes que saltar, esa es la carga. Al igual que las alas, tiene un peso, un peso que notamos sobre nuestras espaldas, un peso que asfixia, pero es una carga que nos levanta, una carga que nos permite... volar.
Puede que por eso me apene el hecho de que el amor de hoy en día es un amor desgastado e idílico, un amor cuyas alas son cortas y estivales. Sin embargo, aún en estos tiempos de amor superficial, veo en pocas ocasiones verdaderas muestras de amor verdadero, de un amor de alas blancas y fuertes, que perdura aún después de medio siglo, y que perdurará si sus cuerpos lo han mostrado con sabiduría y paciencia.
"Lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido."