jueves, 26 de junio de 2014

Déjame amar mientras no te lo diga.

¿Cómo empezar si tanto he callado que las palabras se me atascan en la garganta?
Me prometí a mí misma que no caería sin luchar. Que no volvería a ilusionarme con nada que no estuviese completamente seguro. Que no me lanzaría de nuevo al mar de los sentimientos sin cerciorarme de que bajo mi lánguida alma encontraría agua salada y profunda que me acogiera en su vientre.
Mas heme aquí, respirando vaho de ilusión, mecida en la niebla de la mentira, sin ser plenamente consciente de que esta puede ser la vuelta a la pasión y la desesperación. Sin percatarme de que este camino puede ser el mismo que ya recorrí antes y del que salí a rastras, con el corazón quebrado.
Frente a mí se halla el Invierno. Un Invierno que puedo elegir ignorar o atravesar hacia su corazón de hielo. Su gelidez me llama, murmura mi nombre entre las copas vacías de los árboles moribundos. ¿Seré capaz de cruzarlo o me quedaré atrás, viéndolo deshacerse sin haberlo acariciado?
Me tambaleo.Tropiezo. Caigo. A mi alrededor solo hay nieve.
Déjame quererte, Invierno. Déjame amarte mientras no te lo diga. Temo tu tormenta y temo mi confusión.