domingo, 6 de enero de 2013

Superviviente de un invierno más.

Se acerca algo, lo sé, lo presiento. No sé cómo, ni cuándo, ni dónde ocurrirá, solo sé que entro en una nueva etapa de mi existencia, sin una importancia especial o excéntrica, pero con un significado nuevo esta vez. Siento que podré desprenderme de la carga que he ido acumulando. Siento que mi piel se aja, cual serpiente en plena época de muda, y que en cualquier momento se desprenderá del resto de mi cuerpo y permanecerá como una estampa muerta y marchita de lo que un día fui, con todos mis errores y mis aciertos, con mis heridas y mis puntos de sutura sin cerrar.   
¿Qué será de mí, ahora que afronto un nuevo paso en mi interminable camino? ¿Cambiaré mi modo de pensar? ¿Cuántas puertas veré abiertas y cuántas cerradas? ¿Cuántas llaves tendré en mis manos? ¿Me sentiré desnuda? ¿Vulnerable quizás? ¿Más fuerte? ¿Más... viva?
En el fondo, solo soy serpiente mudando su piel escamosa y brillante.
Soy niña dejando atrás los dientes de leche.
Soy fénix renaciendo de mis cenizas
Soy llama de fuego escarlata encerrada en una burbuja cristalina.
Soy sirena anclada al castillo de proa del barco que es la vida, hudiéndome en las aguas negras del mar, surgiendo a las brisas estivales, carcomida por la sal y la herrumbre; siempre avanzando, contra viento y marea, siempre hacia delante.
Soy un año más cercana a la tumba, un año más experimentada, un año más curtida, un año más sabia.

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