"-Creo que si tú y yo nos hubiéramos conocido en un mundo sin dragones... Nos habríamos mirado con desconfianza al principio. Tú verías a una mujer familiar y cándida, sencilla, común y corriente, con fama de bruja, y puede, solo puede, te interesaría. Mientras, yo vería a un hombre algo desaliñado, puede que reservado, tímido, de mirada hipnótica y porte regio. En algún atrevido caso, nos sentiríamos atraídos el uno por el otro. Todo serían miraditas, tú me buscarías y yo perseguiría ocasiones para que me encontraras, haciendo cualquier cosa y sin prestarte atención, pero sabiendo que estás ahí.
Quizá al poco tiempo entabláramos conversación, lo típico: intercambiar alguna nimiedad, comentar el buen día que hace, lo sanos que están los campos y si es verdad que soy una hechicera. Escondería mi picardía bajo mi rígida fachada victoriana, pero por dentro me chispearían los ojos y te animaría a comprobarlo. A partir de ahí serían todo cartas en la ventana, paseos a caballo que misteriosamente se cruzaran entre sí, besos en la mano y sonrisas tímidas. A medianoche saldría corriendo de mi casa solo para cogernos la mano a través de la valla del jardín y hablar sin más testigos que los gatos, aquellos que siempre guardan los secretos. Me brillarían los ojos como a una chiquilla y me ruborizaría cada vez que sonrieras al llamarme la chica más bonita de todo el condado. Puede que me robaras algún beso y yo fingiera escandalizarme, pero no me resistiría si me robaras otro. Llegaría el momento en el que quisiera recorrer tu piel con la mía, y nuestro estúpido tonteo derivaría en el largo noviazgo del que nuestros padres tanto nos hablaban. Cada conversación derivaría al matrimonio, y poco a poco nos daríamos cuenta de que nos atraemos con locura. Te presentarías a mis padres, y sé que ellos estarían encantados de que alguien como tú pidiera mi mano.
Pero ambos sabríamos que que no podríamos aguantar, quizás porque el compromiso es muy fuerte, quizás por el miedo del qué dirán, del que tanto hemos huido a lo largo de nuestras vidas. Imagino que una noche, sin ninguna celebración espectacular, huiríamos. Saldríamos corriendo sin llevar apenas equipaje y con unas cuantas monedas. Viajaríamos a todas partes; no tendríamos la bendición de un sacerdote y las campanas de boda no sonarían en nuestros nombres, pero estaríamos unidos por un lazo más fuerte que cualquier insulsa fiesta. Cada noche al salir la luna bucearíamos el uno en el otro, hasta ahogarnos en el más profundo recoveco de nuestros cuerpos, jurándonos amor eterno y sorprendiéndonos el uno al otro cada día un poquito más. No dejarías de asombrarme, lo sé; y mi mayor miedo sería llegar a no tener nada con lo que fascinarte algún día. Nunca pasaríamos por el mismo sitio dos veces, tú escribirías tus relatos y dibujarías nuestra historia, y algún día, cuando el bosque crezca sobre dos tumbas sin nombre, alguien leería las palabrejas de aquel demente que quería ser escritor, y nuestros nombres estarían para siempre plasmados en la eternidad".
Draconia.
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