martes, 31 de julio de 2012

Entre humo, sigo viva.

Sigo viva. A duras penas, pero sigo viva. Me hago cada vez más daño, me hieren cada vez más. Mientras el día muere, el ocaso desfallece y la noche resucita poco a poco, me hago convicciones que sin embargo sé que caerán dentro de minutos, puede que horas, puede que días, o puede que años; no importa, caerán al vacío igualmente. Mi corazón, al igual que muchas promesas, se fragmenta y abre grietas insondables que seré incapaz de saltar cuando llegue el momento. Duele, joder, duele. Y a pesar de todo sigo viva. Golpe tras golpe, sacando fuerzas de flaqueza para levantarme, a veces sola, a veces con ayuda, y tonta de mí, sigo tropezando, porque no me da la gana dejar de mirar al cielo para centrarme en mi camino. Estoy más cómoda entre las húmedas paredes de la melancolía, mirando por la ventana de la felicidad, que primero se abre, y luego cierra unos barrotes entre los que no puedo pasar. Me hiere, me duele, me hace sangrar. Cuando pienso que no se puede ir a peor llega otra fatalidad. Me deja cada vez más catatónica. 
Mi vida no es la peor, pero tampoco es un camino de rosas. Mis problemas no son los peores, pero no dejan de ser malos. Y lamentablemente, hay quien sigue sin entenderlo. O quizás soy yo, que lo exagero todo y me transformo otra vez en la reina del drama. Pero lo cuento tal cual lo siento. 
Hago esfuerzos sobrehumanos por llorar, por mostrar algún indicio de tristeza que haga que quienes me rodean se den cuenta de que no estoy bien. No debí olvidar llorar. No debí olvidar pedir ayuda. Nunca debí dejar que fuera el orgullo el que se apoderase de mi cuerpo, porque me ha hecho invulnerable a ojos de la gente. Y no soy invulnerable. Soy una niña que tiene miedo, que se siente sola, que está triste y que se está destruyendo por momentos. Sigo viva, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Daré el mismo ciclo que hace el día, naciendo y muriendo constantemente? ¿Haré lo mismo que la Luna, creciendo y luego volviéndome cada vez más pequeña hasta desaparecer; solo para retornar? 
Entre humo, entre cuatro paredes que se hacen cada vez más pequeñas, grito. Grito y nadie me oye. Entre humo, entre una débil llama que me da el calor que me fue arrebatado por mi propia estupidez, suplico. Suplico ayuda, suplico mi muerte, suplico el fin de mi propio dolor, ese dolor que lleva mi nombre escrito. Entre humo, entre gotas y tragos que se beben mi agonía durante unas cuantas horas, me resigno a que las cosas empeoren una vez más con la débil esperanza bailando lejos de mi alcance, riéndose de mí y de mi ignorancia.
Entre humo, sigo viva. A pesar de todo, sigo viva.

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